Grafiando como… #05

by • 21 junio, 2017 • Grafiando como...Comments (0)5039

El discurso gráfico en los concursos arquitectónicos

El objetivo de un concurso de arquitectura es, obviamente, obtener la mejor solución al problema que motiva su convocatoria. Y, lógicamente, la aspiración de todos los participantes es conseguir que la suya sea la propuesta ganadora. Pero, para ello, la calidad arquitectónica no siempre es suficiente, por lo que, la presentación juega un papel indispensable a la hora de que un jurado llegue a percibir esa calidad y entre a considerar las bondades de la propuesta presentada.

Si bien es cierto que tal percepción requiere de una sensibilidad y una cultura arquitectónica que no siempre quedan garantizadas en la composición de los jurados de los concursos arquitectónicos, parece obvio que la forma de maquetar y trasmitir la propuesta es determinante: es muy difícil, o prácticamente imposible que un jurado llegue a interesarse por una buena propuesta mal presentada.

Considerando la amplia gama de tipos de concurso arquitectónicos que existen (abiertos o restringidos, anónimos o firmados, locales, nacionales o internacionales, de un solo tiempo o por fases, de ideas, de anteproyectos, etc.), todos estos tipos dan lugar a procedimientos de selección muy distintos, aunque, lo cierto es que, en la inmensa mayoría de los casos, las bases de los mismos fijan unos parámetros bastante homogéneos de presentación de las distintas propuestas; unos parámetros que mayoritariamente vienen definidos por un número de paneles concreto, además de un formato preestablecido.

El presente artículo pretende hacer hincapié en el discurso gráfico o la unidad narrativa a través de la cual se exponen las características determinantes de la propuesta, ya precisamente en la composición de esos paneles, con formato común para todos los participantes, es donde hay que captar el interés del jurado y convencerle de las cualidades de nuestra propuesta.

Este discurso gráfico que no aparece en las publicaciones especializadas, en las que se limitan a mostrar una o varias imágenes parciales, extraídas de la narración, pero aisladas de su conjunto, mutilan el discurso original y dificultan la valoración crítica del lector sobre las cualidades del proyecto. Sin embargo, dada la trascendencia que hoy tienen los concursos, parece obvio el interés que ese tipo de análisis pueden tener. Por lo que, este artículo plantea una aproximación al diseño del discurso gráfico, es decir, la comunicación del proyecto arquitectónico en los concursos, tratando de establecer sus principales elementos definidores.

El principal elemento que condiciona la construcción del discurso gráfico para un concurso es que va a ser leído por un jurado en un entorno de competición con otras propuestas. Ello no implica que se tenga que proyectar pensando en la composición del jurado, pero sí que es importante tener en cuenta las condiciones en que una propuesta llega hasta ese destinatario.

El tiempo disponible para el examen de las propuestas por parte del jurado, en una primera fase, es corto, generalmente sólo permite a los miembros del jurado dedicar unos escasos minutos al análisis de cada una de las propuestas. El examen empieza por una «mirada distante» y, cuando existe alguna característica que les llame la atención, profundizan un poco más. Por lo que, una imagen unitaria en la composición de los paneles resulta de gran ayuda a la hora de atraer esa curiosidad hacia la propuesta.

Ese contexto en el que se produce la primera lectura, por parte del jurado, conduce a esbozar algunas primeras características que parecerían exigibles dentro de la narración gráfica del proyecto. En primer lugar, la presentación ha de tener la capacidad de mostrar una imagen unitaria que permita distinguirla del resto de las opciones presentadas. Por otra parte, la forma global del discurso ha de permitir superar el filtro de esa «mirada distante». Es necesario que, en la presentación, algo llame la atención del jurado, algo que motive una segunda lectura más atenta, con lo que conseguiremos pasar ya una de las fases.

Ese algo, ese elemento desencadenante del interés del jurado, puede adoptar formas muy diversas: puede ser una imagen capaz de expresar de forma sintética las ideas principales de la propuesta, pero también puede ser un orden compositivo que denote claridad de ideas o, tal vez, un registro gráfico global que exprese una claridad y una sensibilidad que induzcan al deseo de saber más, de profundizar en la propuesta. En cualquier caso, se trata de un elemento claramente formal y visual que no se conjuga aun en una lectura atenta y racional sino, fundamentalmente, en una de valor estético.

Los paneles han de mostrar una unidad compositiva, una coherencia, en definitiva, que se tienen ideas claras. Estos deben basarse en una fuerza expresiva conjugada en el equilibrio de figura y fondo, mediante la introducción de elementos de estabilidad en la composición (alineaciones, franjas, etc…) y de inestabilidad en lugares inesperados.

Un segundo condicionante de toda presentación de concurso es la restricción del espacio expositivo. En los concursos actuales es normal que la explicación de la propuesta deba plasmarse en tres o cuatro paneles. Por consiguiente, éste es un tipo de narración gráfica debe combinar un alto grado de concisión con una máxima capacidad de comunicación. Para ello, lo primero es decidir qué se va a contar, cuál es la esencia del mensaje que se quiere exponer.

Concretar lo que se quiere destacar de un proyecto requiere un previo ejercicio de síntesis, que no siempre es fácil de hacer. Toda propuesta arquitectónica, lleva implícita una intensa reflexión personal por parte del autor y al tratar de explicarla, tiende a entorpecer la capacidad para separar lo que es esencial de lo superfluo anecdótico, ya que, instintivamente, tendemos a sobrevalorar todo aquello cuya consecución nos ha exigido dosis importantes de esfuerzo personal. Es necesario tomar una cierta distancia para revisar la propuesta y abstraer qué es lo que la define, y qué es lo que, aun siendo importante, no es momento de integrar en el discurso.

Y es que, a día de hoy no es fácil controlar el volumen de información admisible en el espacio disponible, ya que, el uso de los programas informáticos actuales para producir y componer dibujos e imágenes, y la facilidad con que pueden generarse, induce con facilidad al exceso de información. Por consiguiente, se hace más necesario desechar material gráfico que, pese al valor que pueda tener de forma aislada, solo conseguiría restar claridad a la propuesta.

Por lo tanto, se trata más bien de construir un discurso, una narración gráfica que, por una parte, paute y ordene la lectura y, por otra, exprese y transmita los valores que sustentan la propuesta. Este discurso implica una unidad que debe tener un principio y un final. En su construcción se han de respetar unos principios clásicos: que el orden de su lectura transmita la idea de avance (de progreso sin repeticiones), que se adecúe el tipo de representación con el tema que se expone, que se valore la importancia de cada parte y se refleje en su tamaño, situación y relevancia, que se consiga una equilibrada articulación entre las partes (de contenido, diferenciación y valoración) y que se mantenga la coherencia en la exposición en todas ellas.

Además, hay que tener en cuenta que el dibujo es lacónico, que tiene límites, y la capacidad de los arquitectos para comunicar con ellos también. No hay que confiar en que «un buen proyecto habla por sí mismo», como tampoco en que el jurado llegue a percibir los valores de una propuesta si, en la presentación, no hay una intención explícita de manifestarlos con un lenguaje gráfico claro.

Naturalmente, existen muchas maneras de abordar ese discurso visual y más de una única forma de plantearlo. En todos los casos, la primera operación consiste en leer lo que piden las bases del concurso, en cuanto a la presentación. La segunda es construir una maqueta de las láminas, considerando el número de proyecciones, su escala y su tamaño. Y la tercera, la composición de estas debe explicar la idea del proyecto claramente, como en una narración en la que se alternan momentos poéticos y momentos de contenido técnico. En todo caso, hay que tener el valor de resaltar lo que tiene de bueno el proyecto y ocultar lo que no funciona, porque los problemas se podrán resolver después.

A día de hoy, parece existir un consenso en conceder a los renders un papel relevante a la hora de ganar un concurso. Sin embargo, no hay razones para pensar que eso deba ser así como norma general. Es probable que tal relevancia guarde relación con la crítica, también muy extendida, sobre la inadecuación de los jurados.

Ciertamente, son frecuentes los casos en los que, en la composición de los jurados, predominan los puntos de vista políticos, técnicos o comerciales, quedando relegado el criterio arquitectónico a una presencia poco menos que testimonial. En dicha tesitura, no es extraño que este tipo de representación gráfica como es el render, que resulta impactante y fácilmente asimilable para quien esté poco habituado a leer arquitectura, acabe teniendo una incidencia excesiva en la toma de decisiones.

En cualquier caso, el render, entendido en su acepción más realista, no parece la herramienta más adecuada para un concurso, sobre todo cuando las propuestas apenas alcanzan, el nivel de anteproyecto. Son aún propuestas arquitectónicas de grano grueso que, en caso de ganar, deberán desarrollarse en profundidad hasta hacerlas construibles. Por lo que, es normal que contengan grandes indefiniciones que no son fáciles de camuflar en un render foto-realista, a menos que se rehúya el realismo, para buscar registros más abstractos.

“La composición no es más que una exacta y regular organización, en forma de tensiones, de las fuerzas vivas encerradas en los elementos.”  Vasili Kandisky

 

InCommon Arquitectura

José Antonio Antón Sanmartín
Arquitecto y Redactor DTF
incommonDTF@gmail.com
incommon-arq.com

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Fuente
pinterest.com
student.archmedium.com

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